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Literatura

 

Federico García Lorca




Federico García Lorca es la figura literaria más conocida, estudiada y admirada de las letras castellanas del siglo XX.

Por su extraordinaria versatilidad creadora, García Lorca destaca en los campos de la poesía, el teatro, la música y las artes plásticas. Y, es una de las más famosas víctimas de la guerra civil española.




BIOGRAFÍA


Nace el 5 de junio de 1898 en Fuente Vaqueros, provincia de Granada, hijo de Federico García Rodríguez y Vicenta Lorca Romero, su primera profesora, y por eso toma su apellido. Y es el mayor de cuatro hermanos: Francisco, Concha e Isabel.

De pequeño aprendió canciones populares y ya a su corta edad le interesó la literatura romántica y clásica. El teatro era una de sus aficiones favoritas y le gustaba actuar y montar representaciones de teatro para sus familiares y amigos. Le fascinaban los títeres y las marionetas.

Pasa unos meses en Almería, donde comienza sus estudios de bachillerato y sus primeros estudios de música de piano y guitarra. Al año siguiente la familia se traslada a Granada donde Lorca empezó el bachillerato. Años después ingresó en la Universidad de Granada para estudiar Derecho y también se matriculó en la Facultad de Filosofía y Letras donde estaba su verdadero interés: el dibujo, la pintura, la poesía, la lectura de los románticos españoles del siglo XIX y de los escritores modernos de Latinoamérica y de otros autores como Shakespeare y los poetas simbolistas franceses, el teatro clásico de España y Grecia.

En 1916 y 1917 Lorca hizo unos viajes de estudios por España con su profesor y varios compañeros. Conoció a Antonio Machado en Baeza durante este viaje. Escribe su primer libro, Impresiones y paisajes (1918), que consiste en descripciones líricas en prosa de sus cuatro viajes. En 1916 muere su maestro de música don Antonio Segura Mesa, por lo que pierde el interés por la música y comienza a escribir poesía. Algunos poemas aparecerán más tarde en su primer libro de versos, Libro de Poemas.

En 1919 se instala en la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde vivirá hasta 1928. En estos años conoce a Luis Buñuel, Salvador Dalí, José Moreno Villa, Emilio Prados, Pedro Salinas, Pepín Bello... Se matricula en la Facultad de Filosofía y Letras, pero apenas asiste a las clases. Un año más tarde estrena en el Teatro Eslava de Madrid de su obra “El maleficio de la Mariposa”, pero es un total fracaso.

En 1921 publica Libro de Poemas. Al año siguiente lee en el Centro Artístico de Granada, su conferencia “El Cante Jondo” y empieza la redacción de la tragicomedia de Don Cristóbal y la señá Rosita. Con la colaboración de Falla, Lorca representó una pieza teatral de guiñol (marionetas) para niños en Granada en 1923. En ese mismo año conoció a Salvador Dalí en la Residencia de Estudiantes. En esa época trabajó en sus libros de poemas Suites y Canciones y en 1924 siguiente volvió a colaborar con Falla en la preparación de una ópera y empezó a escribir parte del Romancero gitano.

En 1925 termina Mariana Pineda y en 1926 realiza numerosas excursiones, principalmente por las Alpujarras, con Manuel de Falla. Su familia adquiere la Huerta de San Vicente, en la vega granadina, y pasa allí muchas temporadas. Por esa fecha, la Revista de Occidente publica su Oda a Salvador Dalí y lee en el Ateneo de Valladolid poemas de sus libros en reparación Suites, Canciones, Cante Jondo y Romancero Gitano).

En ese mismo año, 1926, García Lorca participó en la conferencia en homenaje al gran poeta del Siglo de Oro, Luis de Góngora. De esta conferencia vino el nombre para los poetas y músicos interesados en la mezcla de lo tradicional y lo vanguardista, "La Generación del 27." El año después Lorca escribió Soledad en homenaje a Góngora (la obra más famosa de Góngora son sus Soledades). En 1927 se publica su libro Canciones y se estrenó en Barcelona una obra de teatro que Lorca había escrito en 1923, Mariana Pineda. Basó su drama poético en la historia de una mártir liberal que fue ahorcada por sus conspiraciones contra el rey Fernando VII, cuyo reinado dejó por herencia las guerras civiles del siglo XIX. La famosa actriz Margarita Xirgu desempeñó el papel principal de Mariana y Salvador Dalí diseñó el telón.

En 1928 publicó Romancero gitano, una obra de gran éxito. Sin embargo, antiguos colaboradores suyos, como Dalí criticaron esta última obra, lo que ocasionó la ruptura entre los dos artistas. Ese mismo año un grupo de intelectuales granadinos, dirigidos por Federico García Lorca, funda la revista Gallo, de la que se publicarán dos números.

Lorca continuó escribiendo para el teatro; su farsa Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, fue prohibida por la censura de la Dictadura en 1929. En junio del mismo año, mientras el autor sufría una depresión por sus fracasos tanto literarios como sentimentales, Lorca salió para Nueva York, ayudado por su antiguo profesor de la Facultad de Derecho de Granada.

Se matricula en la Universidad de Columbia. Frecuenta teatros, cines, museos y se apasiona por el jazz. Veranea en Vermont, huésped de Philip Cummings, y luego en Catskill mountains, con Angel del Río. De vuelta a Nueva York se instala en el John Jay Hall de la Universidad de Columbia, donde permanecerá hasta enero de 1930. Comienza a trabajar en lo que será Poeta en Nueva York, escribe el guión de Viaje a la Luna. Y también escribió partes de lo que él definió como "teatro imposible". Lo llamó "imposible" porque era innovador y vanguardista, influido por las técnicas surrealistas y por lo tanto imposible de poner en escena. Se notan en estas obras aspectos de la crisis literaria y de identidad homosexual del autor.


Los grandes cambios políticos del país beneficiaron al autor en su labor teatral. El Ministerio de Cultura e Información Pública apoyó la fundación del grupo de teatro ambulante universitario La Barranca, que Lorca dirigió junto con Eduardo Ugarte. La Barraca viajó a zonas rurales donde se desconocía el teatro, montando adaptaciones de obras clásicas del Siglo de Oro. Representó un total de 13 obras de teatro en 74 localidades en los años 1932-36. En estos años, concretamente en 1932, escribe Bodas de Sangre, la cual, recibió un éxito rotundo que le proporcionó a Lorca por primera vez una remuneración considerable y fama internacional. La versión española de Bodas de sangre fue llevada a Argentina y México y traducciones de la misma se estrenaron en Nueva York, París y Moscú en los años siguientes.

Entre 1933 y 1934 tiene una triunfal estancia en Argentina y Uruguay. En Buenos Aires da conferencias y asiste a las clamorosas representaciones de Mariana Pineda, Bodas de Sangre y la Zapatera prodigiosa. Conoce a Pablo Neruda. Bodas de Sangre alcanza un gran éxito, sobrepasando las cien representaciones.

Tras su estancia en Montevideo donde pronuncia varias conferencias, regresa a España en el mes de Mayo.
Muere en la plaza de toros de Manzanares, Cuidad Real, su amigo el toreo Ignacio Sánchez Mejías y publicó Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, libro dedicado al famoso torero intelectual amigo del autor. Continúan las representaciones de La Barraca y pasa a limpio el original de Diván del Tamarit. Y hay un estreno triunfal de Yerma en Madrid por la compañía de Margarita Xirgu.

El mismo año que Lorca murió, concluye la última de las tres tragedias rurales titulada La casa de Bernarda Alba. La protagonista de este drama, que carece de personajes masculinos, es quizá la figura más conocida del teatro de Lorca. Lorca pensaba viajar a América para entregar el manuscrito de La casa de Bernarda Alba a Margarita Xirgu; planeaban estrenar la obra en Buenos Aires en octubre de 1936. Con el asesinato de Lorca en julio de 1936 se estropearon esos planes. La casa de Bernarda Alba no se estrenó hasta 1945, en Buenos Aires. No se montó en escena en España hasta 1964.

El 18 de julio de 1936 fue el alzamiento militar contra el Gobierno de la República. El 9 de agosto, ante la existencia de amenazas, Federico García Lorca se refugia en la casa del poeta Luis Rosales. El 16 de agosto fue detenido por le exdiputado de la CEDA Ramón Ruiz Alonso y conducido al Gobierno Civil. Todo parece indicar que la denuncia contra García Lorca fue realizada por el propio Ruiz Alonso, quien la redactó respaldado por otros miembros de la CEDA en Granada. El documento subrayaba, el apoyo del poeta al Frente Popular, su amistad con Fernando de los Ríos y su homosexualidad. Hasta hoy no se ha podido determinar la fecha exacta de su muerte, pero es probable que su fusilamiento tuviera lugar entre la madrugada del 18 al 19 de agosto. Con tan sólo 38 años, dejó inédita e inconclusa una numerosa obra, entre ellas, Odas, Poemas en prosa y Sonetos.


Hoy en día Federico García Lorca se reconoce como el poeta español más leído de todos los tiempos. En toda su poesía se observan los temas constantes de la muerte, el sexo, y el destino trágico. Estos temas universales se expresan mediante las formas tradicionales poéticas, especialmente el romance. Lorca buscaba siempre expresar lo universal a través de lo particular; sus personajes dramáticos y poéticos siempre parten de circunstancias muy concretas.

OBRAS

Prosa

Impresiones:

- Granada. Paraíso cerrado para muchos
- Semana Santa en Granada

Narraciones:

- Historia de este gallo
- Degollación del Bautista
- Degollación de los Inocentes
- Suicidio en Alejandría
- Santa Lucía y San Lázaro
- Nadadora sumergida. Pequeño homenaje a un cronista de salones
- Amantes asesinados por una perdiz
- La gallina

Conferencias:

- Charla sobre teatro
- Teoría y juego del duende
- Las nanas infantiles
- La imagen poética de Luís de Góngora

Homenajes:

- En homenaje a Luis Cernuda
- De mar a mar

Poesía

- Libro de Poemas (1921)
- Poema del cante jondo (1921)
- Primeras canciones (1922)
- Canciones (1921-1924)
- Romancero gitano (1924-1927)
- Poeta en Nueva York (1929-1930)
- Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935)
- Seis poemas gallegos
- Diván del Tamarit (1936)
- Poemas sueltos
- Cantares Populares

Teatro

- El maleficio de la mariposa (1919)
- Los títeres de Cachiporra. Tragicomedia de Don Cristóbal y la señá Rosita
- Mariana Pineda (1925)
- Teatro breve (1928)
- La zapatera prodigiosa (1930)
- Amr de don Perlimplín con Belisa en su jardín (1931)
- Retablillo de don Cristóbal. Farsa para guiñal (1931)
- Así que pasen cinco años (1931)
- El público (1933)
- Bodas de sangre (1933)
- Yerma (1934)
- Doña Rosita la soltera o El lenguaje de las flores (1935)
- La Casa de Bernarda Alba (1936)
- Viaje a la luna

ANÉCDOTAS

Tiene problemas motores con dos años y esto le deja cierta torpeza de movimiento en una pierna.

Su farsa Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, una obra simbólica sobre un viejo y su joven esposa, fue prohibida por la censura en 1929, quizás porque el protagonista se parecía demasiado al dictador Miguel Primo de Rivera o quizá por su subtítulo "Aleluya erótica."

La casa de Bernarda Alba

 

GÉNERO Y GÉNESIS

No se estrenaría hasta 1945 en Buenos Aires; el mismo año y en el mismo lugar apareció la primera edición. La obra se subtitula "Drama de mujeres en los pueblos de España". ¿Por qué drama y no tragedia? Para Lorca la tragedia comportaba elementos míticos que aquí estarán ausentes. El realismo del lenguaje y ciertas expresiones que cabría llamar "cómicas" (en boca de Poncia, por ejemplo) serían también rasgos propios del drama. Sin embargo, por la esencial impresión de necesidad de la catástrofe, de lo inexorable de la frustración, hablaríamos de tragedia.

También es cierto que la obra tiene facetas del drama rural pero no es menos cierto que Lorca trasciende ese género preciso por muchos aspectos y se alza a un nivel incalculablemente superior. Los estudios de Lorca han encontrado acentos shakespearianos, calderonianos, ...

La génesis de la obra tuvo su punto de partida en figuras reales: una tal Frasquita Alba y sus hijas, cuya casa era colindante de la que tenían los Lorca en Valderrubio (Granada). Pero sólo el genio del poeta pudo crear, a partir de aquéllas, las figuras de Bernarda y sus hijas.

Casa real donde vivieron Francisquita Alba y sus hijas en Valderrubio (Granada)

PLANTEAMIENTO Y TEMÁTICA

Tras la muerte de su segundo marido, Bernarda Alba impone a sus cinco hijas, como luto, una larga y rigurosa reclusión. Se trata de la exageración de una costumbre real, de una tradición llevada a extremos increíbles. Pero esa misma exageración, ese exceso sitúa la obra en el plano de lo legendario, de lo simbólico, del mito.

En esa situación extrema (situación límite) los conflictos, las fuerzas, las pasiones se agrandarán, se desarrollarán hasta la exasperación. Catalizador de las fuerzas encerradas en la casa será la figura de Pepe el Romano, pretendiente o novio de Angustias, hija mayor y heredera, pero atraído por la juventud y belleza de Adela, la menor, y amado, a su vez, por Martirio.

Tal es la situación de la que arranca Lorca para dar cuerpo dramático a su temática más personal y profunda. Se ha dicho que el tema central de la obra es el enfrentamiento entre autoridad y libertad o el conflicto entre la realidad y el deseo. Podría hablarse de rebeldía contra represión, de naturaleza contra tradición,...

Frente al autoritarismo y la represión representada por Bernarda Alba, las hijas encarnarán una gama de actitudes que van de la más pasiva sumisión, frustrante, a la rebeldía más abierta, imposible. En suma, nos hallamos pues, ante una, al parecer frustración irreparable. Es por este motivo, por lo que hablábamos de necesidad de la tragedia. Las raíces de la frustración se pueden situar en un plano social con un fuerte componente moral, lo cual conduciría a señalar una serie de temas conexos con la temática central: la moral tradicional y la presión social sobre los individuos; las diferencias sociales, con lo que llamaremos el orgullo de casta; y, en fin, la condición de la mujer en la sociedad española de la época.

Cabría señalar los distintos temas: el tema del "¿qué dirán?" y las apariencias. El honor, la pasión condenada a la soledad o la muerte, la muerte y el luto, al igual que la consiguiente reclusión frente al ansia amorosa simbolizada por Pepe el Romano, también son temas importantes del drama. Contrasta también el enfrentamiento entre autoridad y libertad y la rebeldía contra la represión. Se oponen el autoritarismo y la represión a la que Bernarda somete a sus hijas frente a su sumisión o rebeldía. Otros temas son la frustración irreparable (social) y la moral tradicional y la presión social sobre los individuos, al igual que las diferencias sociales entre mujeres y hombres.La casa de Bernarda Alba fue escrita en la primavera de 1936, al parecer en pocos días. Fue la última obra de Lorca, ya que poco después vino su muerte. Vino luego la guerra,...

EL ESPACIO

La acción se desarrolla en la casa de Bernarda Alba, un espacio cerrado. Es el mundo del luto, del silencio, de la ocultación, en fin, un espacio propicio para situaciones límite. Este lugar, comparado a lo largo de la obra con un "convento", un "presidio", un "infierno" transmite una atmósfera sofocante. Parece faltar el aire, el agua en este mundo que pone barreras a las fuerzas de la vida, "en el que se respira la muerte"

Se opone totalmente al interior de la casa y la represión a la que las hijas son sometidas, el mundo exterior; de él llegan ecos de pasiones elementales o de un erotismo desatado. Este mundo exterior está regido por convenciones: "qué dirán". El pueblo en el que tiene lugar la acción es considerado como un mal pueblo por tener pozos en lugar de río. En este caso el río simboliza la fuerza vital, el erotismo, mientras el pozo indica claramente la muerte.

EL LENGUAJE

Se puede observar claramente la maestría del diálogo, que se caracteriza por su fluidez, el nervio y la intensidad. Predominan las réplicas cortas y rápidas y a menudo llama la atención su sentenciosidad. Se unen realidad y poesía.

El lenguaje lorquiano tiene además un intenso sabor popular. Está hondamente enraizado en el habla popular, especialmente en la andaluza, lo cual se puede observar claramente en los giros y palabras, en el gusto por la hipérbole y en la creatividad.

Se debe mencionar también la dimensión poética del diálogo, cargado de simbolismo: imágenes y comparaciones. Con ello se crea una atmósfera dramática y se consigue una individualización de los personajes.

ESTRUCTURA

La obra se estructura en tres actos si atendemos a su estructura externa.

Se aprecian tres partes distintas en la obra. Primero aparece una exposición de la situación, una localización espacio – temporal y una presentación de los personajes. Se dice que ha muerto el señor Alba y que Bernarda va a imponer el luto en su familia. En la segunda parte, el desarrollo, se anuncia la boda de Angustias con Pepe el Romano y a partir de este momento la tensión va en aumento. Se muestran las envidias y amores de las demás hermanas, aparece el misterio de las ventanas y de los encuentros nocturnos. El momento cumbre es cuando se desvela que Adela y Pepe habían mantenido una relación. La última parte, el desenlace, tiene un final trágico, el suicidio de Adela al creer ésta que su madre ha matado a su amado Pepe.

PERSONAJES Y SU SIMBOLOGÍA

- BERNARDA
Su nombre significa "con fuerza de oso"
Es la encarnación hiperbólica de las fuerzas represivas. Representa las convenciones morales y sociales más añejas con la mentalidad tradicional vigente, Da importancia de las críticas: el "qué dirán", la apariencia, la buena fachada aun cuando no se corresponda con la realidad. Se opone a los impulsos eróticos, cree en la decencia, la honra y su gran la obsesión por la virginidad. Tiene una concepción tradicional del papel de la mujer frente al del hombre (a las mujeres se les exigirá mayor rigidez; a los hombres "todo se les consiente"). Su orgullo de casta le hace tener conciencia de pertenecer a una capa social superior y por ello impide un noviazgo de Martirio (por razones sociales) a todas las hijas les recuerda a qué obliga pertenecer el ser "de su clase", el haber nacido "con posibles". Su autoridad y su poder aparecen claramente simbolizados por el bastón, que siempre lleva en escena, y el lenguaje prescriptivo (órdenes, prohibiciones, "Silencio"). de ella otros personajes piensan de forma despectiva, la describen muy bien,"tirana", "mandona", "dominanta". Su poder irracional unido a un claro voluntarismo, la ceguera que le hace tomar sus deseos por realidades, un querer que las cosas sean como su voluntad dispone.

- Las hijas
Todas las hijas viven entre la reclusión impuesta y el deseo del mundo exterior ("querer salir"). Todas ellas están más o menos obsesionadas por lo erótico. Estos anhelos eróticos pueden ir unidos (o no) a la idea del matrimonio, único cauce permitido para salir de aquel encierro.

Las cinco hijas de Bernarda encarnan un abanico de actitudes que van de la sumisión o la resignación a la rebeldía.

ANGUSTIAS
39 años; hija del primer matrimonio
Heredera de una envidiable fortuna que no tarda en atraer, pese a su edad y su falta de encantos a Pepe el Romano. Ha perdido la ilusión y la pasión ya.

MAGDALENA
30 años
Por una parte da muestras de sumisión, pero puede sorprendernos con amargas protestas. Ella hubiera preferido ser un hombre, ya que ya ha abandonado la idea de casarse.

AMELIA
27 años;
Es quizás el personaje más desfigurado: resignada, medrosa y tímida. Su nombresignifica "sin miel" .

MARTIRIO
24 años
Es un personaje más complejo. Pudo haberse casado, si su madre no se hubiera interpuesto, es enferma, depresiva y pesimista. Está enamorada de Pepe el Romano y esta pasión la lleva hasta una irreprimible vileza.

ADELA
20 años
Es la encarnación de la abierta rebeldía, la más joven, hermosa, apasionada, su vitalismo (traje verde), su fuerza, su pasión le hacen prorrumpir en exclamaciones escandalosas: "¡Mi cuerpo será de quien yo quiera!" o "¡Lo tendré todo!". En desafío abierto con la moral establecida, está dispuesta a convertirse en querida de Pepe el Romano aunque sea ponerse una "corona de espinas". Su momento culminante es cuando rompe el bastón de mando de Bernarda en un arrebato de rebeldía trágica. Su nombre significa "de naturaleza noble".

- Otros Personajes

MARIA JOSEFA
La abuela. En sus palabras se mezclan locura y verdad. Se hace portavoz de un anhelo común "¡Déjame salir!" y agranda líricamente los problemas centrales: la frustración de las mujeres, el anhelo de matrimonio y de maternidad, el ansia de libertad, de espacios abiertos, ...

LA PONCIA
Vieja criada: interviene en las conversaciones y en los conflictos, hace advertencias, da consejos, hasta tutea a Bernarda, pero ésta no deja de recordarle las distancias que las separan. Ella asume su condición pero está llena de un rencor contenido. Tiene conversaciones con las hijas de modo abierto y descarado, al hablar de lo sexual aportará un elemento de contraste y turbias incitaciones. se caracteriza por su sabiduría rústica, por su desgarro popular y por el sabor, la riqueza y la creación de su habla.

LA CRIADA
Tiene un menor relieve que Poncia y también participa del rencor hacia el ama (y hacia el difunto marido, que la acosaba), aunque se muestra sumisa e hipócrita. Obedece a la Poncia pero es altanera y ruda con la mendiga

PEPE EL ROMANO
No aparece en escena pero está omnipresente. Es la encarnación del Hombre, del "oscuro objeto del deseo", con todo lo que se va diciendo de él se compone un retrato suficientemente perfilado. Pero tiene su doblez: va detrás del dinero de Angustias, pero enamora a Adela, se convierte así en el papel "catalizador" de las fuerzas latentes.


 

 


Eloy Sánchez Rosillo

Eloy Sánchez Rosillo

 

España (Murcia, 1948)
 Profesor de Literatura española en la universidad de su ciudad natal. Obtuvo en 1977 el Premio Adonais con su primer libro, Maneras de estar solo. Entre ese título con el que se dio a conocer, y La certeza ha publicado Páginas de un diario, Elegías, Autorretratos y La vida, aparecido en 1996 y que cuenta ya con varias ediciones. Todos estos títulos se encuentran ahora recogidos en Las cosas como fueron. Poesía completa 1974-2003.

Premio de la Crítica de Poesía Castellana 2005
LECTURA, TEMAS Y ESTILO DE LA VIDA.

2.1. Introducción: un libro elegíaco de un poeta “clásico”

La poesía de Eloy Sánchez Rosillo suele calificarse de “elegíaca”. Si buscamos “elegía” en un diccionario, se define como la “composición poética en la que se lamenta la muerte de una persona o un hecho triste”. Pero en un sentido más amplio, que es el que se aplica a Rosillo, se llama elegíaca a aquella poesía que se lamenta de todo lo que desaparece, lamenta la pérdida, en última instancia habla, por lo tanto, del paso del tiempo.

Ese es sin duda el tema fundamental de este libro y, en general, de toda la obra de Rosillo. (No es casual que su tercer libro, de 1984, se llame Elegías. ) en La vida encontraremos un lamento continuo por todas las cosas perdidas, especialmente la juventud, y una reflexión sobre el propio paso del tiempo, sobre la caducidad de todo lo humano y la fugacidad de la vida.

Este lamento se realiza sin dramatismos, en un estilo que se puede denominar de “clásico”. En primer lugar por esos temas universales ( tiempo, fugacidad, juventud pasada...) que han estado presentes en la poesía desde sus orígenes griegos y latinos, pasando por los clásicos españoles como Manrique, Garcilaso o Quevedo hasta llegar a modelos más directos como Antonio Machado, Leopardi, Cernuda. En segundo lugar, también se habla del clasicismo de Rosillo por su estilo sencillo, moderado, reflexivo y profundo, que no deja lugar a originalidades superfluas.

El propio Rosillo define lo que él entiende por elegíaco en las siguientes palabras: “ Mi poesía toda tiene un tono elegíaco. Yo veo el mundo así. Tengo una inclinación especial hacia el pasado. No es que me interese el pasado como pasado, como algo cerrado y alejado; me interesa porque forma también parte del presente para mí, y siempre veo todo lo que me está sucediendo como algo que se está yendo. Y, claro, la juventud, que ya quedó lejos por desgracia, me parece un momento culminante de la vida del hombre, aunque no tenga esa etapa de la vida muchas cosas que después vamos adquiriendo. Pero tales cosas se adquieren cuando uno ya no tiene, creo yo, la plenitud vital que tenía en el tiempo de la juventud, y eso es quizá lo que se echa de menos de ella, de no tenerla. Y de ahí se deriva el tono nostálgico, elegíaco

2.2. Planteamiento y sentido general del libro

Dentro de la variedad de temas, símbolos y motivos que Rosillo desarrolla en los 30 poemas que componen La vida, se puede encontrar una unidad de sentido relacionada con ese tono elegíaco, ese lamento por la juventud perdida y el paso del tiempo. Hay un esquema conceptual que posibilita que ese sentimiento se desarrolle de una manera original y efectiva. Este esquema se basa en unas ideas-clave.

En primer lugar, en casi todos los poemas, hay una dualidad: por un lado un AQUÍ / AHORA habitado por la vejez, la soledad, la tristeza y la escritura que se manifiesta también a través de los elementos simbólicos de la sombra, el invierno y la ciudad; por otro lado un ALLÍ / ENTONCES habitado por su infancia y su juventud, por la alegría, el amor y la plenitud vital que se manifiestan también a través de los elementos simbólicos del verano, la luz, la naturaleza.

Esa oposición es la clave del libro, ya que a través de ella se observa el paso del tiempo, el contraste entre un mismo “yo” en dos mundos completamente distintos pese a ser el mismo. Es su explicación de la fugacidad, del tempus fugit.

Pero hay otros elementos importantes que unen esos dos mundos y dan un sentido unitario a esa oposición. En primer lugar, la poesía, que se caracteriza como una actividad que se desarrolla en ese AQUÍ / AHORA de vejez y muerte pero que es un ejercicio de memoria y salvación. Desde esa vejez, el poeta rememora su vida, su juventud, a través del poema, y en cierto modo rescata esa vida pasada y consigue salvar algo de la muerte, iluminar un poco esa oscuridad de su presente. Por esto muchos poemas hablan de ese preciso momento de la escritura, una imagen constante en el libro es la del poeta sentado, escribiendo precisamente el poema que estamos leyendo.

Esta dualidad que es el sentido del libro se halla perfectamente recogida en el poema más corto del libro, de tan solo cuatro versos, titulado Hoy:

“Toqué entonces el mundo: lo hice mío, fue mío.

Han pasado los años.

Ahora ya sólo soy

el que recuerda, el que vivió, el que escribe”

El otro elemento de unión entre ambos mundos es la certeza, que se nos muestra en algunos poemas, de que ya en el ALLÍ / ENTONCES, es decir, ya en la juventud y la vida plena, se podía distinguir el germen, la semilla del AQUÍ / AHORA, la conciencia del tiempo inexorable. La infancia ya contenía la vejez desde la que ahora escribe, el verano, simbólicamente, ya contenía los primeros síntomas del otoño, el amor ya nació con la soledad dentro. Así consigue Rosillo una visión unitaria de la vida pese a la oposición que subyace en muchos poemas, una unidad a la que se da mucha importancia, pues con esa idea se cierra el libro. Los dos últimos versos de La vida insisten en ella:

“A la vez respiramos la luz y la ceniza.

Principio y fin habitan en el mismo relámpago”

2.3. Símbolos y motivos principales de La vida.

Hemos visto ese esquema conceptual que sustenta los poemas y que nos ayuda a entender mejor la obra. Pero la poesía no se hace sólo con esas ideas abstractas: cada poema desarrolla una serie de símbolos, utiliza unas determinadas palabras que van creando un mundo de significados mucho más rico que la simple oposición de ideas vida-muerte, pasado-presente.

A continuación iremos analizando de qué elementos poéticos concretos, de qué materiales están compuestas esas ideas, esos conceptos que nosotros hemos aislado por necesidades teóricas.

 

El verano, la luz, la naturaleza: decorados y símbolos de la felicidad pasada.

En La vida, el verano se convierte en un símbolo recurrente, que se da casi siempre asociado a ese ENTONCES / ALLÍ. Es la estación de la juventud y el pasado por lo tanto, la estación de la plenitud vital. Veamos algunos ejemplos de los poemas para entender mejor el funcionamiento de este símbolo y cómo va adquiriendo sus significados.

 

En el primer poema, Desde aquí, podemos leer lo siguiente:

Entreveo a lo lejos un verano

que no tuvo comienzo, y no termina

(siempre es verano cuando rememoro

desde la oscuridad la luz primera) :

una casa en el campo; estoy jugando junto

a la acacia que da sombra a la puerta;

mi madre cose o lee cerca de mí y me mira

con los ojos más dulces y más limpios que yo haya visto nunca”

 

Vemos así cómo, desde el primer poema, va definiendo Rosillo el carácter simbólico de ese verano, sin principio ni final, es decir, mítico, inseparable de sus recuerdos de infancia y juventud, de ese ALLÍ / ENTONCES que, con ese verano mítico se convierte en espacio de plenitud.

 

El otro gran símbolo que ya desde el principio aparece también ligado al verano y al pasado feliz es la luz, esa “luz primera” que se rememora “desde la oscuridad”, oponiendo así simbólicamente los dos tiempos: pasado-luz / presente-sombra.

 

A los dos grandes símbolos, verano y luz, ( con todos los semas que aportan de alegría, vida, plenitud, etc) se van añadiendo otros elementos simbólico-biográficos. En este primer poema vemos que al verano se asocia la casa de campo de la infancia, y con ella los elementos de la naturaleza junto con la imagen protectora y casi angelical de la madre, es decir, una presencia femenina, amorosa, antítesis de la soledad.

 

Esa madre quedará sustituida por la mujer o la muchacha en otros poemas en los que se rememore no ya la infancia, sino la adolescencia o la juventud. En cualquier caso, será una figura femenina positiva en un ambiente de verano y de luz muy parecido al del primer poema: “Una vieja ciudad totalmente tomada por la luz del verano(...) días que aparentaban / transcurrir muy despacio; / una muchacha llena / de alegría y de ganas de vivir.” Así se va construyendo poco a poco esa idea, ese símbolo del verano como la estación del pasado feliz, sin tiempo ( en el primer poema decía que era “sin principio ni fin”, y en este los días pasan “muy despacio”) y asociado con la luz como símbolo que ayuda a conferir el significado de vida plena, que es el que siempre quiere asociar Rosillo a la juventud y la infancia.

 

Pero el poema en el que el símbolo del verano como sinónimo de felicidad se desarrolla más claramente es Despedida. En este poema el verano no es simplemente el marco en el que sitúa al niño o al adolescente feliz, sino que el verano es ahora el tema y el protagonista absoluto del poema. En él vuelve a aparecer unido al símbolo de la luz, explicitando claramente la simbología luz-vida-alegría frente a sombra-vejez-muerte: “(el verano) Dispuso que las sombras se apartaran / del corazón del hombre y que creciera / la alegría en su pecho. Estaba todo / lleno de luz, de intensidad...”

 

También aparece aquí la unión verano-naturaleza, para contribuir a la idea de plenitud y de sencillez: la naturaleza es la vida plena y sin complicaciones ni recovecos, como lo son el niño y el adolescente, puros, seres que viven su plenitud sin otra preocupación que vivirla. Así es la imagen de la naturaleza que Rosillo incluye en su verano: “(el verano) Venía, jubiloso, por los campos / y a su paso las tierras se colmaban / de espigas y frutos”

En conclusión, al ser Despedida un poema cuyo tema central es el verano, hay una personificación continua de éste, al que no podemos evitar imaginar como un adolescente lleno de vida que va recorriendo feliz los campos. Es decir, que al personificar al verano vemos en él reflejada también la idea principal del libro: la juventud, la vida, felicidad son fugaces y dentro de ellas ya está presente la vejez, la muerte y la soledad, del mismo modo que dentro del verano hay ya un indicio del otoño. Con esa idea termina el poema: “ Los días, poco a poco, van menguando. / Y un indicio de otoño que hay en el aire dice / que es muy fugaz la dicha

La ciudad, la noche, el invierno: decorado de la soledad presente.

Si el verano y lo luminoso y natural eran el marco simbólico elegido por Rosillo para situar el pasado feliz y la vida plena, el ALLÍ / ENTONCES, de una forma casi inevitable sus antónimos serán los que el poeta elija para hablar de un AQUÍ / AHORA que quiere mostrar como contrario. Lo contrario de la juventud y la vida plena exige también la contrario del verano, la luz y la naturaleza para expresarse. Así, encontraremos en varios poemas que el entorno urbano, la falta de luz y la estación invernal se convierten en marco de la vejez, del presente en el que no se vive sino que se recuerda y escribe y se está solo. Esto se puede ver ya desde el primer poema: “Pero en un solo instante se ha cerrado la noche; / crecen las sombras, y es invierno, y llueve, / y no hay nadie en mi casa (...)”

 

También podemos encontrar poemas como Volver, en el que se insiste más en la oposición ciudad-naturaleza como paralelo simbólico de la oposición vejez-juventud : “Cómo me gustaría estar ahora / lejos de la ciudad, / andando por los campos aquellos de mi infancia”

 

En cualquier caso, toda esta simbología, que es constante en la obra, se trata de forma más evidente en el poema Septiembre, en el que Rosillo reinterpreta la comparación clásica entre las edades del hombre y las estaciones de la naturaleza. A pesar de lo manido del tema, consigue que no suene gastado, y lo introduce de una forma personal, añadiendo esa oposición naturaleza-ciudad: “Hoy comienza septiembre, y la melancolía / del final del verano, puntualísima, acude / a su cita conmigo. Hay que volver mañana / a la ciudad

 

En este poema, la madurez, simbolizada en la ciudad, la rutina, el trabajo y el otoño, se considera como una vida falsa comparada con la vida del verano (simbólicamente, la juventud) que se considera como una vida plena. Por último, aparece el invierno, la última estación como la última edad, la vejez anterior a la muerte. No obstante, el tema se trata con cierta distancia, usando un lenguaje coloquial que evita dramatismos en un tema tan repetido: “Así, sin mucha pena / y sin gloria ninguna, transcurrirá el otoño. / Y después, de muy malas maneras, implacable, / tomará posesión de mi vida el invierno”.

Estilo: sencillez y clasicismo.

El estilo de Eloy Sánchez Rosillo puede denominarse como “clásico”. Por clasicismo se entiende aquel estilo que intenta desaparecer, es decir, que busca una claridad expositiva y una sencillez en el lenguaje que hagan el poema accesible a todos los lectores ( si recordamos la disputa entre “novísimos” y “poetas de la experiencia”, veremos que el clasicismo de Rosillo es opuesto al culturalismo y vanguardismo de los novísimos, que exigen un lector mucho más preparado).

 

Esta sencillez en el plano expresivo se manifiesta en la escasez de metáforas, metonimias, sinestesias, etc. que desaparecen en favor de un lenguaje sencillo, a veces incluso coloquial, con un tono sereno, profundo y reposado. Esta sencillez no es sinónimo de simpleza: en sus poemas hay una hondura reflexiva y emocional ante cuestiones universales: el tiempo especialmente, pero también el amor, la identidad, la poesía.

 

En conclusión, se puede afirmar que en Rosillo la voluntad estilística está al servicio de la emoción, de esa verdad profunda que une a todos los hombres: el paso del tiempo, la pérdida de la juventud. El propio poeta declara sus ideas clasicistas sobre el estilo cuando dice: “ Cualquier otra virtud que pueda haber en el poema ( que tenga colores muy bonitos, metáforas, rimas, una música extraordinaria, que está escrito en endecasílabos o en alejandrinos...) de nada vale si este en su totalidad no nos conmueve. La piedra de toque del poema es esa. Un buen poema es el que cuando lo leemos nos pone la carne de gallina y casi nos tira de espaldas. Sentimos que hay allí una verdad muy honda, una verdad que no es una ocurrencia del poeta ni le pertenece en realidad sólo al poeta, sino que concierne a todos los humanos”

 

A continuación vamos a intentar distinguir algunos elementos más concretos que componen ese estilo sencillo: la narratividad, el lenguaje coloquial, el símbolo, la primera persona y la métrica.

Lenguaje coloquial.

El léxico que utiliza el poeta en La vida es siempre sencillo. No cree en el concepto vanguardista de la “desautomatización”, que propugna que las palabras están gastadas por el lenguaje común y que han perdido su fuerza y significación. Por ello, la poesía debe restaurar el poder de las palabras mediante metáforas y todo tipo de recursos estilísticos que consigan que la palabra suene a nueva, a recién creada, y pueda así significar de nuevo, al margen de su uso cotidiano.

 

En Rosillo tenemos lo contrario: a la tristeza se le llama “tristeza” y a la muerte, “muerte”, a pesar de su posible desgaste por el uso cotidiano. La fuerza del poema se encomienda a esa verdad profunda de la que hablaba arriba, y para ello necesita un lenguaje sencillo.

 

Esa sencillez se apoya a veces en giros de lenguaje coloquial, lo que aporta una mayor cercanía y cotidianeidad, ayudando también a que la emoción del poema se sienta más sincera y cercana, como si no hubiera pasado por el filtro del estilo.

 

Los ejemplos son abundantes y siempre están perfectamente incluidos en el tono del poema, sin que destaquen por excesivamente vulgares, del mismo modo que tampoco hay expresiones que destaquen por excesivamente cultas. Baste con un ejemplo en el que podemos ver cómo expresiones coloquiales y cotidianas entran en su poesía sin ninguna violencia: “Sucede siempre / cuando menos los esperas. Puede pasar que vayas / por la calle, deprisa, porque se te hace tarde / para echar una carta en correos...”

Narratividad.

Este recurso está muy unido al anterior, al lenguaje coloquial. Muchos poemas de este libro cuentan una anécdota, una breve historia de la que el poeta extrae una reflexión. De este modo el poema se hace sencillo, claro, casi transparente y cotidiano. Los ejemplos serían numerosísimos. Citaremos solo algunos en que se observa con mayor claridad ese acercamiento a la vida cotidiana del lector que proporcionan estas breves narraciones con su tono biográfico y sincero. Así ocurre por ejemplo en Vieja canción: “He escuchado en la radio, por azar, hace un rato, / una vieja canción, / una canción romántica que estuvo muy de moda / en la playa, durante los meses de un verano / maravilloso de mi adolescencia.”

 

Este uso de lo narrativo y biográfico es contrario a una corriente poética, de mucho auge en el 27, llamada “poesía pura” ( J.R.Jiménez, P.Salinas, J.Guillén) que consideraba antipoética toda anécdota biográfica y, por supuesto, toda narración de ellas dentro del poema. Decían que había que eliminar la anécdota y escribir solo la emoción pura. Evidentemente, Rosillo no sigue esa tendencia que, por otra parte, ya no es su contemporánea. Las anécdotas son para él un material perfectamente válido y a través de ellas consigue plasmar el paso del tiempo, a la vez que su poesía se hace cercana y accesible. Baste un último ejemplo de esto, extraído del poema Un recuerdo de entonces: “ Te he esperado esta tarde como nunca he esperado / a ninguna mujer: hecho un imbécil, / un pobre desgraciado que miraba el reloj.”

Biografismo: la primera persona

La gran mayoría de los poemas del libro está escritos en primera persona del singular, creando un “yo” poético que constantemente hace referencia a sí mismo, a sus experiencias, a su pasado, a su infancia, su adolescencia, sus amores, su hijo...Consigue así el autor un tono confesional y sincero. El riesgo de este “yo” constante es el exceso de sentimentalidad y patetismo, pero Rosillo siempre salva ese obstáculo, incluso cuando habla de la muerte del padre, gracias a la distancia. En este caso es la distancia entre el “yo” que escribe y el “yo” que vivió los hechos que se cuentan, es la distancia del tiempo, la distancia entre la vida y la escritura. Por lo tanto, podríamos decir que el “yo” de La vida es doble.

 

Pero para no cansar con ese único “yo”, aunque sea doble, el autor utiliza diversos recursos. El más notable es el “monólogo dramático”. Este es un recurso literario muy querido por los poetas de la experiencia, que consiste en escribir en primera persona pero desde la perspectiva de alguien ajeno, generalmente ilustre. El “inventor” de esta técnica fue el poeta inglés Robert Browning. En La vida hay dos monólogos dramáticos. Uno, en el cual la primera persona corresponde al poeta italiano, muy admirado por Rosillo, Giacomo Leopardi es Recanati, Agosto de 1829; el otro da voz a Paris, el personaje de La Ilíada y se llama Paris y Helena.

 

Es interesante comentar cómo, aunque use una voz ajena, es decir, una biografía ajena a la suya propia, en el caso del poema de Leopardi, vemos los mismos temas y preocupaciones que en los demás poemas en que al “yo” se le supone la biografía del autor. No así en el de Paris y Helena no de los pocos del libro en que no está presente el tema del tiempo, y que sirve como una especie de confirmación del clasicismo de Rosillo con ese homenaje a Homero.

 

Junto a la primera persona del singular, es importante estilísticamente el uso también frecuente de la primera persona del plural. Esta se usa para hacer reflexiones de tipo general, pasando del “yo” con el que relata los sucesos biográficos a un “nosotros” con el que quiere universalizar determinados sentimientos o reflexiones. Se puede ver un ejemplo de este recurso en el poema Al mirar hacia atrás: “Mucho pesa el dolor, y, aunque sea breve, / cuánto tarda en pasar. Pero nos deja / una huella más honda / la ingrávida, la frágil alegría. / Si se halla entre nosotros, apenas la advertimos.”

 

Este tipo de reflexiones generales, que pretenden ser en la mayoría de los casos verdades universales, también pueden expresarse a veces usando la segunda persona. Así consigue contar anécdotas sin perder la sinceridad biográfica al mismo tiempo que la universaliza y la hace válida a todos los lectores: “Tal vez dura / un instante el milagro; después las cosas vuelven / a ser como eran antes de que esa luz te diera / tanta verdad, tanta misericordia. / Mas te sientes conforme, limpio, feliz, salvado.”

 

Además de este uso de las personas gramaticales, se da también la primera persona del plural para referirse a la pareja en poemas de tema amoroso como La tregua o Melancolía y la segunda del singular para referirse tanto a la amada ( Cuando abrimos los ojos) como al hijo ( Un jilguero).

El símbolo

Ya se ha señalado que el clasicismo del escritor pasa por la escasez, por la ausencia de metáforas y todo tipo de recursos que “personalicen” demasiado la expresión y obliguen a la interpretación. Por lo tanto, el recurso semántico que más brilla en los poemas de La vida es el símbolo.

 

El símbolo permite hablar de cosas de la realidad llamándolas por su nombre, con sus características habituales, pero potenciando su significado connotativo y profundo gracias a recursos sencillos como la adjetivación, la disposición en el poema, la presencia de contrastes, paralelismos, oposiciones, etc. en este sentido la poesía de Rosillo es heredera directa de otro poeta español que también uso el símbolo de una manera sencilla y universal: Antonio Machado.

Los símbolos de La vida ya han sido explicados: el verano y la luz como símbolos de la juventud y la vida plena; el invierno y la sombra como símbolos de la vejez y del presente de una vida falsa o menos plena. Además de esos símbolos centrales, que se extienden por todo el libro, hay otros que aparecen solo en un poema determinado, como el jilguero simbolizando la pérdida de la infancia.

3. NOCIONES SOBRE MÉTRICA.

Los poemas de Eloy Sánchez Rosillo están escritos sobre una métrica clásica, combinaciones de heptasílabos, endecasílabos y alejandrinos, y en alguna ocasión el eneasílabo. Estos versos de métrica impar se prestan a su combinación en estrofas libres con versos blancos (sin rima).

Encontramos cierta semejanza con la silva, composición que constaba de una sucesión de heptasílabos y endecasílabos que el poeta ordenaba y rimaba libremente, aunque la comparación es un poco forzada, ya que en la silva no podía quedar ningún verso libre de rima y vemos que en Eloy Sánchez, como en la mayor parte de los poetas actuales, los versos quedan liberados del ritmo estridente de la rima. Sin embargo en algunos poemas, como en Melancolía, observamos una rima asonante en los versos pares que recuerda a las composiciones en romance. Eloy escoge esta métrica porque no impone un ritmo muy marcado, a diferencia del octosílabo, más propio de textos épico-líricos, y se presta a la reflexión y a la evocación.

Es necesario que nos detengamos un poco en el estudio de la naturaleza del verso. Y que lo analicemos como verso rítmico, haciendo hincapié en el elemento acentual. Vamos a centrarnos en el endecasílabo ya que es el verso central en la escritura del autor que nos ocupa.

EL VERSO RÍTMICO

Un verso tiene como mínimo dos acentos rítmicos.

 

  • parte final

  • variable (en las primeras cuatro sílabas)

    Anacrusis período rítmico final de verso

 
Mario Vargas LLosa



Miguel Delibes


Biografía
 

Miguel Delibes nació en Valladolid el 17 de octubre de 1920. Es el tercero de ocho hermanos, su madre era María Setién y su padre, Adolfo Delibes, era abogado y catedrático de derecho en la Escuela de Comercio. Estudia en el colegio de La Salle y cursó el bachillerato en el colegio de Lourdes de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. La guerra le impidió ingresar en la universidad, por lo que continuó con los cursos de perito mercantil y aprendió a modelar en la Escuela de Artes y Oficios. Se enroló como voluntario en la Marina prestando servicio en el crucero "Canarias" en Palma de Mallorca. En 1939 regresó a Valladolid y comenzó sus estudios universitarios de Derecho y Comercio. Sin embargo, ninguna de estas carreras le agrada. Y sólo el azar quiere que llegue al mundo del periodismo y de la literatura. Un azar que comienza cuando, al estudiar el Manual de Derecho Mercantil de Joaquín Garrigues, descubre la belleza del lenguaje y el adjetivo oportunamente empleado. Como también le gusta el dibujo -su padre le ha matriculado en la Escuela de Artes y Oficios-, Miguel Delibes ingresa como caricaturista, en 1941, en “El Norte de Castilla”, el periódico de su ciudad.

Posteriormente realizó un curso de periodismo en Madrid para obtener el carné profesional, de modo tal que en 1942 publica su primer artículo (sobre el tema de la caza mayor) en “El Norte de Castilla”. En 1945 ganó por oposición la cátedra de Derecho Mercantil y consiguió ser destinado a la Escuela de comercio de Valladolid. Se casa en el mismo año con Ángeles de Castro y ésta tras haberle animado a leer y a escribir provoca que Miguel escriba su primera novela, “La sombra del ciprés es alargada”, que consigue el prestigioso premio Nadal en 1948 a la que le siguió “Aún es de día”, ambas caracterizadas por la búsqueda y exploración del proceso a través del cual el hombre realiza su visón personal del mundo.

En 1950 escribió “El camino”, y a partir de este momento, de plantear una preocupación por la formación del individuo, pasó al tema de la búsqueda de la autenticidad personal. Delibes empezaba a evolucionar hacia una dimensión psicologista. Miguel Delibes es nombrado subdirector de “El Norte de Castilla” en 1952 y director en 1958. Emprende una serie de campañas en favor del medio rural castellano y ello le lleva a enfrentarse con el régimen y la censura vigente, viéndose obligado a dimitir de su cargo en 1963. Pero no cede por eso en su denuncia de la postración de Castilla y, cuando no puede hacerlo desde el periódico, lo hace desde la narrativa. Nace así su novela “Las ratas” (1962), verdadera epopeya de la tragedia del campo castellano. Libros de este corte son “La caza de la perdiz roja” (1963), “USA y yo” (1966), “Cinco horas con Mario” (1966) y “La primavera de Praga” (1968).

Anteriormente había escrito otras obras como son “El loco” (1953), “Mi idolatrado hijo Sisí” (1953), “Los raíles” (1954),“La partida” (1954), “Siestas con viento sur” (1954, premio Fastenrath) o “La hoja roja” (1959, premio de la fundación Juan March). Entre esta década cabe destacar “Diario de un cazador” (1955) que recibió múltiples elogios, así como el premio Nacional de Literatura.

Posteriormente el autor se mostró preocupado por la penetración psicológica en el miedo y sus orígenes. Así, en "La caza de España" (1972) lanza un ataque contra la actual sociedad consumista, y en "La parábola del náufrago" (1969) estudia el efecto del miedo sobre la libertad del hombre. Obras de esta última época son "Con la escopeta al hombro" (1970) y "Un año de mi vida", serie de páginas de diario escritas en la revista "Destino" entre junio de 1970 y junio de 1971.


En 1973 Miguel Delibes es elegido miembro de la Real Academia de la Lengua, ocupando el sillón e minúscula. La toma de posesión tiene lugar el 25 de mayo de 1975, y su discurso versa sobre “El sentido del progreso desde mi obra”. Publicó con gran éxito "El príncipe destronado" (1973). Sólo unos meses antes, en noviembre de 1974, había muerto su esposa Ángeles, a la que el novelista había calificado como su “equilibrio” y la “mejor mitad de mí mismo”. En 1975 publica "Las guerras de nuestros antepasados".

La muerte de su esposa deja sumido al escritor en una profunda depresión, de la que comienza a salir tres años más tarde con la publicación de su novela “El disputado voto del señor Cayo” (1978). Siguen "Los santos inocentes" (1981), "Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso" (1983), "377 A. Madera de héroe" (1987), "El loco" (1988); "Señora de rojo sobre fondo gris" (1991), donde evocará la figura de su esposa, "El último coto" (1992), etc. Varios de sus relatos -doce en total- son llevados al cine o al teatro. “Los santos inocentes” en la pantalla y “Cinco horas con Mario” en los escenarios son los logros más notables en sendos géneros.

Llegan también para Miguel Delibes los reconocimientos y los premios: el Príncipe de Asturias, en 1982; el premio de las Letras de Castilla y León, en 1984; el de las Letras Españolas, en 1991; y dos años más tarde, en 1993, el premio Cervantes, el más prestigioso galardón para escritores de habla hispana. Cinco años más tarde, en 1998, publica la que puede considerarse su novela más ambiciosa e incluso su obra cumbre: “El hereje”, un alegato en favor de la libertad de conciencia. La novela se desarrolla en el Valladolid del siglo XVI, y “a Valladolid, mi ciudad” dedica Delibes el libro. Esta obra obtiene el Premio Nacional de Literatura de Narrativa en 1999.

Cabe destacar las numerosas distinciones que ha recibido: investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Valladolid (1983), Complutense de Madrid (1987), El Sarre - Alemania (1990) y Alcalá de Henares (1996); Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de la República Francesa (1985); en 1993 la Diputación Provincial de Valladolid le otorgó la Medalla de Oro de la Provincia y en 1999 se le concedió la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo.

Hacia el año 2000 la Junta de Castilla y León propuso al Comité Nóbel de la Academia Sueca la candidatura de Miguel Delibes, acción que fue apoyada por numerosas entidades e intelectuales de la sociedad española
Miguel Delibes es considerado uno de los literatos más importantes de la lengua castellana, así lo acredita la mayor parte de su obra que ha sido traducida a más de veinte idiomas: ruso, inglés americano, alemán, italiano, francés, sueco, checo, irlandés, japonés, israelí, etcétera.

Obras

Las novelas con más renombre de Miguel Delibes son las siguientes:

La sombra del ciprés es alargada: Presenta el dilema de si para ser feliz o mejor dicho, para no sufrir, es mejor evitar involucrarse en exceso con el mundo y con las personas que nos rodean, rehuir las emociones, o por el contrario, amar a pesar del sufrimiento que puede conllevar.

El camino: Es también una de sus primeras novelas y representa el comienzo de un equilibrio en la obra de este autor. Daniel el Mochuelo hace una conmovedora evocación de su infancia la noche anterior a su partida a la ciudad para estudiar.

Cinco horas con Mario: Es un monólogo sobre los recuerdos de una mujer que vela el cadáver de su marido. Es una de las obras más conocidas de Delibes ya que fue llevada al teatro con gran éxito de público y de crítica.

Los Santos Inocentes: es una de las obras más populares de Miguel Delibes y también, una de las más leídas. Al igual que sucedió con Cinco horas con Mario alcanzó una gran popularidad por la rigurosa adaptación que realizó Mario Camus para el cine. Es una obra que refleja muy bien las desigualdades sociales, especialmente en el medio rural.

Mi idolatrado hijo Sisí: Esta obra también fue llevada al cine con el título Retrato de familia. Narra el clima previo a la guerra civil, en una ciudad de Castilla donde se cruzan intereses reaccionarios y democráticos.

El príncipe destronado: En un tono algo más desenfadado del que nos tiene acostumbrados Miguel Delibes, nos cuenta la historia de un niño que se siente desplazado ante la llegada de su nueva hermana. Lo mejor de la obra es como nos hace ver el mundo familiar del niño desde sus ojos.



Señora de rojo sobre fondo gris: publicado en 1991, está dedicado a su mujer. En la sobrecogedora historia del personaje de Ana, podemos reconocer a su mujer, Ángeles, y la profunda historia de amor y admiración que tuvo con ella, e incluso, un homenaje póstumo.


El Hereje: Respaldada por un excelente trabajo de documentación, refleja a la perfección el Valladolid de la época de Carlos V. Hace asimismo una apasionada defensa de la tolerancia y de la libertad de conciencia y pensamiento
 

Premios

· Premio Nadal en 1948 por La sombra del ciprés es alargada.
· Premio Fastenrath de la Real Academia en 1957 por Siestas con viento sur.
· Premio de la Crítica en 1962 por Las ratas.
· Príncipe de Asturias en 1982.
· Premio de las Letras de la Junta de Castilla y León en 1984.
· Premio Nacional de las Letras en 1991.
· Premio de Literatura en Lengua Castellana "Miguel de Cervantes" en 1993.
· En 1999 obtuvo el Premio Nacional de Literatura de narrativa por El Hereje, premio que también se le concedió en 1955 por la obra Diario de un cazador.
· Fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Valladolid (1983), Complutense de Madrid (1987), El Sarre - Alemania (1990) y Alcalá de Henares (1996).
· Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de la República Francesa. 1985.
· En 1993 la Diputación Provincial de Valladolid le otorga la Medalla de Oro de la Provincia.
· En 1997 recibe el premio Brajnovic de la Comunicación, otorgado por la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra.
· En 1999 se le concede la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo.


 

Curiosidades

Una frase de Miguel Delibes fue la siguiente:

Para el que no tiene nada,
la política es una tentación comprensible,
porque es una manera de vivir con bastante facilidad.
Miguel Delibes




Autores de Selectividad

AzorÍn (Al pulsar se abrirá la foto en una nueva ventana.) 

José Martínez Ruíz "AZORÍN"

BIOGJRAFÍA

José Augusto Trinidad Martínez Ruiz nació en Monóvar (Alicante) el 8 de
junio de 1873. Su padre, natural de Yecla, ejercía de abogado en Monóvar y
poseía una importante hacienda; la madre había nacido en Petrel. Se trataba
la suya de una familia tradicional, burguesa, que disfrutaba de una
desahogada situación económica. José Augusto fue el mayor de nueve
hermanos.

Políticamente, el padre militaba en el partido conservador y, con el
tiempo, además de ocupar algunos cargos (alcalde, diputado), se reconocerá
seguidor de Romero Robledo.

Desde pequeño, Pepe, tal es el hipocorístico con que se le conoce
familiarmente, da muestras de ser un espíritu independiente y solitario, al
que le gusta llevar una vida apartada, a menudo en la finca familiar del
Collado de la Salina, en Almodóvar. Allí se entrega con pasión al ejercicio
de la lectura, y escribe (1).

 

ETAPAS

Para un mejor análisis de la vida y la obra de José Martínez Ruiz
seguramente nos resultará de utilidad el esquema planteado por Mercedes
Vilanova (2),que divide el espacio biográfico en cuatro grandes etapas:
 

1. Años de formación y lucha (1873-1900). Formación académica. Se inicia
como periodista y escritor. Abarca hasta la publicación de El alma española
(1900).
2. Años de transición (1900-1905). Se produce un cambio sustancial en su
actitud, que, en 1905, le llevará a afiliarse al Partido Conservador.
Inicia sus colaboraciones en el periódico ABC.
3. Etapa de afianzamiento (1905-1924). Participa de forma activa en la
política del momento. Ocupa escaños de diputado y es nombrado subsecretario
de Instrucción Publica bajo la protección del ministro Juan de la Cierva y
Peñafiel.

4. Etapa de declive (1924-1967). Su entrada en la Real Academia Española de
la Lengua marca el inicio del apartamiento de la vida social. Se produce el
paréntesis de la guerra civil, que pasó en París, y el regreso, a pesar de
los homenajes que se le rinden, significó ya su ocaso como escritor.

ETAPA DE FORMACIÓN Y LUCHA
A los ocho años ingresa como alumno interno en el colegio que los Padres
Escolapios regentan en Yecla. Permanece allí una larga temporada, hasta los
dieciséis años, cursando los estudios de enseñanza secundaria. El escritor
revisará con frecuencia estos años de enclaustramiento, de los que no
guardará gratos recuerdos.

En 1888 se traslada a Valencia para cursar la carrera de Derecho. Intenta,
sin demasiada aplicación, obtener la licenciatura; primero en la
Universidad valenciana, posteriormente realiza exámenes en otros centros
universitarios, como Granada, Salamanca o Madrid.

En la ciudad del Turia inicia una etapa que va a tener decisiva importancia
en su formación intelectual. Conecta con las últimas corrientes del
pensamiento y el arte (krausismo, anarquismo, etc.), se entrega febrilmente
a la lectura de obras literarias y políticas, y realiza sus primeras
incursiones en el mundo del periodismo. El adolescente Martínez Ruiz,
asiduo de las tertulias de los cafés, se siente muy interesado por las
nuevas ideas sociales. Surge en él la actitud rebelde, ácrata, que
caracterizará sus años de juventud, al tiempo que se afianza en su espíritu
la voluntad de hacerse escritor. Colabora en distintos periódicos en los
que utiliza diversos seudónimos: Fray José, en "La Educación Católica", de
Petrel, Juan de Lis, en "El Defensor de Yecla", etc. Escribe también en "El
Eco de Monóvar", "El Mercantil Valenciano", e incluso en "El Pueblo", el
periódico de Vicente Blasco Ibáñez (3). Por lo general, hace crítica
teatral (elogia las obras de Guimerá y Galdós o el Juan José, de Joaquín
Dicenta), aunque se decanta ya, de forma especial, por la crítica
político-social.

Importante resulta también en estos años de preparación su actividad
traductora, con trabajos como el drama La intrusa, de Maeterlink, la
conferencia del francés A. Hamon, De la patria, o el folleto Las prisiones,
del príncipe anarquista Pedro Kropotkin.

El 25 de noviembre de 1896 se traslada a Madrid. Llega con una carta de
recomendación de Luis Bonafoux para el director del periódico "El País".

Aquel mismo año arribaron también a la capital de España Ramón del
Valle-Inclán y Manuel Bueno. Baroja estaba ya en la Corte y Maeztu llegaría
a principios del año siguiente. No tardarán en relacionarse todos, en
intimar y en acometer juntos algunas empresas.

Azorín publica diariamente trabajos en el nuevo periódico. Se trata de
artículos vehementes en los que ataca las instituciones, los valores más
arraigados, la política del Gobierno, la literatura en boga... Tras un
artículo sobre el matrimonio y la propiedad, se ve obligado a abandonar la
redacción de "El País". Le reciben en otros periódicos e inicia la
publicación de algunos folletos en los que da cuenta de sus vivencias y
sentimientos: Charivari (Crítica discordante), de 1897, entre otros. El
único respaldo que recibe en su denodada y solitaria batalla es el de
Leopoldo Alas Clarín, que elogia la labor del joven periodista en uno de
sus "Paliques". El alicantino considera este comentario como un
espaldarazo. A principios de octubre de 1897 comienza sus colaboraciones en
"El Progreso", de Alejandro Lerroux. Se define como fervoroso anarquista.

De la Universidad y de su carrera de Leyes se ha olvidado por completo;
busca afanosamente el éxito literario, el reconocimiento, el triunfo.

En esta etapa de formación y tanteos se prodigan los seudónimos en los
escritos del joven autor: Cándido (La crítica literaria en España, 1893,
primer trabajo en forma de pequeño folleto), en memoria del personaje de
Voltaire y Ahriman, apelativo que le relaciona con el dios del mal de las
religiones persas son dos de los más conocidos. Pero seguirán otros:
Charivari, Este..., hasta ocho se recogen en el Diccionario de
Rogers-Lapuente, (4), contando con los ya citados. El seudónimo los Tres,
utilizado conjuntamente con Maeztu y Pío Baroja, o el definitivo de Azorín
llegarán un poco más tarde. En cualquier caso, por estos años, sus
artículos periodísticos los firmaba más frecuentemente como J. Martínez
Ruiz.

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AÑOS DE TRANSICIÓN

Martínez Ruiz logra consolidar su personalidad literaria tras la
publicación de una trilogía novelística con matices autobiográficos. La
integran las novelas: La voluntad, Antonio Azorín y Las confesiones de un
pequeño filósofo. Fruto de este encuentro consigo mismo es la floración de
ese seudónimo definitivo y revelador, que ya le acompañará siempre: Azorín.

Lo empleó por vez primera en 1904 en las Impresiones parlamentarias, serie
de trabajos publicados en el semanario "España", y nace del nombre del
protagonista de la trilogía citada. En 1905 el nuevo seudónimo aparece al
frente del título de su libro Los Pueblos (5). Ya no lo abandonará nunca
Martínez Ruiz.

Son éstos años decisivos en la evolución personal del escritor. Azorín,
hacia el final de esta etapa abandona la lucha literaria, se muestra
vacilante y comienza a adentrarse en el estudio del pasado histórico y
cultural de España. Se pierde por archivos y bibliotecas en una especie de
huida de la realidad cotidiana. Conseguido el triunfo, su pragmatismo opta
por el apartamiento, por la soledad y el conformismo.

No se conocen suficientemente los motivos de este giro tan sorprendente:
¿Oportunismo? ¿Identificación con los valores tradicionales? ¿Conveniencia?
¿Traición? ¿Fracaso personal como artista?

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ETAPA DE AFIANZAMIENTO

A partir de 1905 el pensamiento y la literatura de Azorín están ya
claramente instalados en un cómodo conservadurismo de corte tradicional,
tras un inesperado proceso de transformación. Comienzan a aparecer sus
artículos en "ABC" y participa activamente en la vida política. Su carrera
se proyecta de forma ascendente: diputado en cinco ocasiones, subsecretario
de Instrucción Pública en 1917 y 1919... Antonio Maura, y sobre todo el
ministro La Cierva, se convierten en sus máximos valedores.

Ante los ásperos sucesos del momento, el otrora rebelde Martínez Ruiz ha
pasado a convertirseen un "pequeño filósofo", un escritor gubernamental que
vive situado en la comodidad y que elogia la política de sus protectores.

El escritor ha conseguido evidenciar una nueva dimensión: la de hombre
cambiante, ambiguo, con una enorme capacidad de adaptación a la realidad
más ventajosa.En 1924 entra en la Real Academia Española de la Lengua.

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ETAPA DE DECLIVE

La dictadura de Primo de Rivera enfrió la actividad pública de Azorín, de
modo que renuncia a aceptar cargos políticos. Literariamente se encuentra
en una fase de no progresión. Su trabajo se reduce a repeticiones y
modificaciones de su obra anterior. Su interpretación de la Historia de
España se orienta por las vías del Imperio, la madre patria y la
mitificación del pasado. Se trata de un enfoque preocupante en un
intelectual de su condición.

Con el advenimiento de la República intenta la recuperación de sus teóricos
ideales progresistas, fiel exponente de un personaje con clara
predisposición al arreglo y el acomodo. Pero predomina en él la confortable
opción del retiro y la soledad, en consonancia con su estatus de burgués.

El estallido de la guerra civil le sorprende en Madrid, pero consigue un
pasaporte diplomático que le permite exiliarse a París junto con su esposa,
Julia Guinda Urzanqui, con la que había contraído matrimonio en 1908 y con
la que compartirá una vida sin descendencia.

La vuelta de Azorín a Madrid después de los años de la guerra civil se
produjo en 1939. Renueva sus colaboraciones en ABC y colabora con el
régimen, aunque su presencia no es bien recibida por todos: muchos
falangistas lo rechazan, a pesar del denodado afán del escritor por
conseguir su adhesión. El desdén se produce en parte por su pasado juvenil,
en parte por su actitud oportunista y acomodaticia. No obstante se le
tributan oficialmente homenajes y honores -la protección de Serrano Súñer
resulta decisiva (6)-, por más que el escritor a menudo hace gala de una
actitud de apartamiento y repudio de la notoriedad. Recibe el Premio de la

Delegación de Prensa (1943), la Gran Cruz de Isabel la Católica (1946) y la
Gran Cruz de Alfonso X el Sabio (1956), amén de otros muchos premios y
gratificaciones.

Murió el 4 de marzo de 1967. Fue el más longevo de los escritores del 98.
PROYECCIÓN

Azorín, en la actualidad, es un escritor bastante olvidado, incluso
denostado a veces, salvo en lo referente a los aspectos puramente
estilísticos. Su cambio de actitud a partir de 1904, con la renuncia a los
postulados anarquistas y socializantes, y el deslizamiento hacia un
conservadurismo rentable, ha sido estudiado y no explicado
suficientemente.

Algunos analistas coinciden en subrayar la hipótesis de causas de índole
artística en la raíz de esa trasformación del luchador de finales del siglo
(7). Azorín se convirtió en un depurador del lenguaje por su incapacidad
para la "inventio". Le falta imaginación, carece de dotes creativas, no
domina la connotación ni la metáfora, ni se atreve con la sorpresa del
adjetivo... Esta certidumbre le llevaría a renunciar a la creación en aras
de la recreación: recreación de instantes, de tipos, de situaciones, de
paisajes. Azorín no renueva el lenguaje sino que desempolva el léxico y lo
pule, ordena la expresión, simplifica la sintaxis. Se convierte en custodio
inmutable del orden y la moderación, en un bruñidor de palabras. (8)

No faltan admiradores del estilo preciso de Azorín. Se recuerdan las
cualidades de una forma de escribir, en la que la precisión y la economía
se ponen al servicio de la claridad. Una escritura de periodos cortos, de
sencillez sintáctica y predominio de la frase nominal. Aunque utiliza
algunos recursos (paralelismos, enumeraciones, repeticiones, incluso
comparaciones), en su prosa no encuentran acomodo figuras que propicien el
oscurecimiento o la sugerencia atrevida. Es cierto que en sus descripciones
el lector descubre sensaciones nuevas, colorido y adjetivaciones plenas de
exactitud y corrección; pero todo ello en un marco delimitado por la
contención antirretórica, el ritmo acompasado, el atildamiento poético...,
y también la morosidad del detalle minucioso, hasta el punto de que algunos
críticos hablan de una "estética del reposo".

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LA OBRA DE AZORÍN

La obra de Azorín es muy extensa (9). Escribió miles de artículos a lo
largo de su vida. Artículos que aparecieron en los periódicos más
destacadas de finales del siglo XIX (El País, El Imparcial, El Progreso,
Madrid Cómico, El Globo...). Más tarde, su pluma encontrará acomodo en las
publicaciones conservadoras. A partir de 1905, recala en ABC, que pasará a
ser, ya hasta el momento de su muerte, el periódico de referencia para un
seguimiento de la producción azoriniana en los años de su madurez.

Como se sabe es autor de varias novelas ( Diario de un enfermo (1901), La
voluntad (1902), Antonio Azorín (1903), Las confesiones de un pequeño
filósofo (1904), Don Juan (1922), Doña Inés (1925), Félix Vargas (1928),
titulada luego El caballero inactual, etc.), novelas con las que intenta
una particular renovación del género, novelas sin fábula, sin argumento. Y
escribió también obras teatrales (recuérdese la trilogía Lo invisible o
alguna de su discutidas y originales piezas: Old Spain, Brandy, mucho
brandy, Angelita, etc., incluido algún auto sacramental.Pero publicó, sobre
todo, notables ensayos y libros de paisajes y semblanzas, en realidad
recopilaciones de artículos periodísticos, entre los que no faltan los
volúmenes que recogen parte de sus artículos literarios: Los pueblos
(1905), La ruta de don Quijote (1905), Lecturas españolas (1912); Castilla
(1912); Clásicos y modernos (1913); Al margen de los clásicos (1915)...).

En los años ya invernales de su dilatada existencia publica sus memorias
(Memorias inmemoriales), de relativo interés (10).

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CONCLUSIÓN

Actualmente, la valoración de Azorín como hombre del 98 quizá haya que
buscarla principalmente en sus impetuosos trabajos de juventud, en los que
denuncia situaciones injustas y desigualdades con un indudable afán de
renovación (11). Para ello no se para en barras a la hora de desvelar la
realidad sangrante de los pueblos, el sufrimiento de las clases
trabajadoras o el comportamiento detestable de los políticos profesionales.
Estimulado por unas lecturas devastadoras (Schopenhauer, Kropotkin,
Nietzche, Faure...), su apoyo a la causa de los desfavorecidos se orienta
siguiendo las vías fundamentales del anarquismo (que encauza su actividad
en la CNT) y el socialismo, que impulsa el nacimiento de la UGT. Son los
años en que se prodigan los folletos sobre literatura y sobre cuestiones
sociales.

Por otra parte, también en la línea revisionista de la Generación del 98, a
Martínez Ruiz le corresponde el mérito de recuperar a algunos de nuestros
clásicos más notorios y olvidados. Sin embargo, al hacerlo, el escritor
levantino quizá adopte más claramente la postura del coleccionista
nostálgico que la del analista riguroso o el impulsor concluyente.

Fue el teorizador de la Generación del 98. A él se debe la denominación con
la que se conoce a este grupo de intelectuales (aunque el concepto de
"generación" se atribuye a Gabriel Maura) (12). Él fue el que estructuró la
realidad literaria de unos escritores comprometidos con su país y con su
circunstancia. A este respecto resultan muy interesantes sus escritos de
1913 (Clásicos y modernos, trabajo en el que formula sus comentarios sobre
la Generación del 98). El Grupo de los Tres (Baroja, Maeztu y Azorín) tuvo
entidad propia, promovió algunos actos comunes y adoptó posturas definidas
ante determinados hechos de la actualidad (su momento). Todo lo demás se
puede discutir, pero no el inicial afán iconoclasta y renovador de estos
jóvenes escritores.

En nuestros días, la importancia, de la obra de Azorín de alguna forma
aparece diluida en las páginas marchitas de la historia de la literatura.
Últimamente algunos escritores, como Vargas Llosa y otros, han prodigado
efusivos elogios al estilo del alicantino y a su quehacer de miniaturista
virtuoso. Pero nos tememos que, con el tiempo, su forma de escribir se
convertirá en ese impecable modelo docente, recurso habitual de profesores
de Academias y autores de manual, y no en solaz de los degustadores de la
escritura innovadora y de la sorpresa estética. No obstante, hay que
reconocer que en la prosa de Azorín siempre queda el sabor de la obra bien
hecha y el poso de la sabiduría del escritor curtido en la sufrida tarea de
producir textos literarios.

 

AZORÍN: UNIDAD DE CASTILLA

 

El libro Castilla publicado en 1912 se compone de 14 trabajos. Esta obra representa lo más puro de la obra de Azorín y se considera el máximo exponente de las cualidades de su literatura, el modelo de su más genuino estilo.

Los artículos o "cuadros" -como los llama el autor- que lo componen tienen entre ellos coherencia respecto a su temática. En el prólogo, el autor nos dice que trata de captar el espíritu de Castilla a través del vivir diario, no de los grandes acontecimientos. Ese espíritu de Castilla se encontrará matizado por una preocupación sentimental por el paso del tiempo.

Es decir, Azorín se ocupa en estos ensayos del problema de España, a través de Castilla, centrándrose en la indolencia, en la despreocupación, en la indiferencia en que vive el país: "ondas destartaladas, hidalgos que no hacen nada, clérigos, abogados -muchos abogados- que todo lo sutilizan, enredan y confunden". No deja de insistir en el problema de la decadencia de Castilla (España): las guerras, la desatención al fomento de la agricultura, el desdeño de la industria y el comercio, la mala administración de los políticos.

El otro tema fundamental es su preocupación por el tiempo, la fugacidad de la vida. Además de tener como antecedente a Jorge Manrique, es un tema metafísico que tiene relación con el "eterno retorno" de Nietzsche. "Vivir es ver volver" dice Azorín en Las nubes, sensación angustiosa, espantosa, "dolorido sentir", resignación que caracteriza a la condición humana, inercia ante los hechos y la idea abrumadora de la muerte. España no cambia, no varía, se repite; vivir aquí es volver a hacer lo mismo. Los ensayos que dedica a este tema son: Una Ciudad y un balcón, La Catedral, Las nubes, Una flauta en la noche y Una lucecita roja.

También la literatura inspira muchas paginas de esta obra. Azorín interpreta y recrea obras literarias, son lecturas que tienen un valor o significado especial para él: el Tratado III de EI Lazarillo en Lo fatal; La Celestina en Las nubes, La ilustre fregona de Cervantes en La fragancia del vaso; Cervantes en Cerrera, cerrera, Ángel Guerra de Galdós en Ventas, posadas y fondas; Garcilaso, Campoamor, etc. Su propósito es revalorizar la literatura española, descubriendo aspectos que servirán para comprender la cultura española. Así su obra se convierte en literatura sobre literatura.

La unidad del libro Castilla se encuentra en la combinación de tres temas: la historia crítica de España; la preocupación por el tiempo y

la lectura como literatura.

Respeto al estilo, esta obra reúne todas las características indicadas en el apartado 7 y combina diferentes formas de elocución: descripción, narración, exposición y argumentación.

El punto de vista que aparece es subjetivo y crítico, aunque también hay un deseo del autor de implicar a los lectores en aquello que se ve y se describe.

9. ESTRUCTURA, TÉCNICA Y GÉNERO.­

Tras una primera lectura de Castilla, se puede sacar la impresión de encontrarnos ante un libro que no responde realmente a su título, que no tiene unidad argumental, ni casi temática y que es una simple reunión de artículos bajo un título, sin embargo, no es así.

En primer lugar, el prólogo ya evidencia los propósitos del autor: hace una meditación sobre un espacio y un tiempo, los de Castilla ( hay que tener en cuenta que es éste un libro dedicado a un pintor y aparentemente descriptivo, y que, sin embargo, diluye el espacio en el tiempo, le realidad en la literatura, el presente en el pasado.

Respecto a la unidad del libro se pueden agrupar los artículos en varios grupos:

Primer grupo.

Los cuatro primeros artículos sí tienen unidad, presentan la estructura de un libro de viajes, aunque sin viajero protagonista. Ese viaje por España lo llevará de los ferrocarriles españoles a los europeos, vistos por los españoles.

El tema "Europa-España" típico del 98, se marca al principio del libro. Después, un viajero que se precie describirá los albergues, las ventas... Y si el viaje es por España los toros serán uno de los tópicos principales.

Por tanto, ese viaje será el argumento invisible de los cuatro primeros artículos, pero lo importante es el tema: meditación sobre España en su dialéctica con Europa. Así, en los dos primeros artículos los viajeros españoles ven el ferrocarril europeo; los europeos vienen a construir el español. La visión de las fondas, lleva a Azorín a una meditación sobre España-Europa. Lo mismo ocurre con los toros, donde aún se marca más el indigenismo español.

En definitiva, se nos va descubriendo que existe una ideología coherente entre esos cuatro artículos.

Argumento: Un viaje sin viajero por España.

Lugar: España, simbolizada en Castilla.

Tema: España-Europa en relación con el progreso.

Materiales: Sacados de libros curiosos y raros sobre viajes.

Personajes: No los hay

Género: Ensayos que tienden al estudio erudito y el reportaje costumbrista.

Da la impresión que estos cuatro capítulos fueron escritos para un libro de viajes y cuyo tema era España-Europa y no para meditar sobre Castilla. Luego, cuando escribió los diez restantes, desechó le idea del libro de viajes. Castilla significaba el espíritu más castizo de España según el 98. Podríamos concluir que estos cuatro primeros artículos están situados en Castilla, pero trataban de España y no eran "a priori"' para un libro titulado Castilla.

Segundo grupo.

Los tres siguientes trabajos Una ciudad y un balcón, La catedral y El mar, son los más independientes entre sí; y sin embargo hay, ciertamente, unas semejanzas entre los tres, hay un parentesco en el aspecto teórico y poemático.

En el plano teórico aparecen los dos grandes temas del libro: Casilla y el tiempo, o mejor dicho el espacio de Castilla diluido en el tiempo visto desde Castilla. En los tres artículos, la meditación del tiempo y la contemplación del espacio se hace directamente. Lo descriptivo (espacio) se une a lo temporal. Estos tres artículos son el verdadero núcleo de Castilla como libro, en efecto, Una ciudad y un balcón, junto con La catedral son la pintura urbana de Castilla y El mar es la pintura campesina. La Castilla de Azorín es un conjunto de pequeñas calles, de pequeñas casas, de pequeños seres afanados en sus trabajos tradicionales; de pequeños ruidos y silencios hondos. Y todos esos ruidos de Una ciudad están presididos por una torre la de La catedral que lanza campanadas que recorren el espacio y el tiempo de Castilla. El motivo de las campanadas recorre el libro entero.

El carácter poemático que une estos tres artículos es la solidez de su construcción ya que aparecen divididos en partes paralelas con respecto al tiempo y al espacio y que conducen al lector, como en la lírica, hacia una sensación que domina a las demás y que se manifiesta por una frase-estribillo:

En Una ciudad y un balcón es “No me podrán quitar el dolorido sentir".

En La catedral es la frase "Es fina, frágil, sensitiva".

En El mar es "No puede ver el mar".

En los tres artículos esta única sensación se ve desde un personaje anónimo que viene a ser el "yo" del poeta quien desde lo alto vigila el espacio y el tiempo.

En definitiva.

Argumento: No existe.

Lugar: Castilla.

Tema: La historia en los dos primeros, y la mediterraneidad de Castilla en El mar (mediterraneidad que tiene una clara alusión a la historia).

Materiales: Históricos en los primeros y la observación del paisaje en El mar.

Personajes: Un personaje observador, oteador, como un “yo” poético.

Género: Evocaciones poéticas, “poemas en prosa”.

Tercer grupo.

 

Los otros cuatro: Las nubes, Lo fatal, La fragancia del vaso, Cerrera, cerrera, tienen una importante unidad tanto en las materiales de los argumentos como en la temática y en la técnica. En los siete artículos anteriores no hay verdaderos personajes; ahora aparecen, con clara inclinación al cuento, protagonistas. Los cuatro siguen la misma técnica, pues utilizan el argumento de un autor clásico para trazar una ficción nueva que continúa la ya conocida­.

Las nubes, continúa La Celestina.

Lo fatal, continúa el tercer tratado del Lazarillo.

La fragancia del vaso, continúa La Ilustre fregona.

Cerrera, cerrera, continúa La tía fingida.

Le temática de estas obras es el peso del tiempo. Lo que el tiempo ha hecho con personajes como Calisto, el hidalgo del Lazarillo, Constanza, el estudiante manchego. Son obras paralelas en argumento, tema y técnica.

Con respecto a la técnica hay un rasgo interesante, que no aparece en La fragancia del vaso: se detiene un momento la narración para glosar otro texto.

Así lo vemos en:

Las nubes. Se comenta un pasaje del poema Colón de Campoamor. Y ese pasaje es el que da simbolismo, sentido y título al artículo entero.

En Lo fatal se comenta un soneto de Góngora que le da título y simbolismo al texto del hidalgo.

En Cerrera, cerrera se comenta un capítulo del Quijote que da simbolismo al texto procedente de La tía fingida.

En resumen, las características de este tercer grupo son:

Argumento: Paralelos, continuación de ficciones inventadas por los clásicos.

Tema: El paso del tiempo, de los protagonistas.

Lugar: Castilla, pero en lugar indeterminado.

Las nubes: Salamanca, Talavera, Toledo.

La fatal: Toledo y Valladolid.

La fragancia... : Toledo, Burgos.

Cerrera, cerrera: Salamanca, La Mancha.

Materiales: Variaciones de libros clásicos

Personajes: Los mismos de esos libros clásicos.

Género: Cuentos, pero tienden hacia la crítica literaria.

Cuarto grupo.

Los tres últimos capítulos Una flauta en la noche, Una lucecita roja y La casa cerrada presentan entre sí una unidad temática y genérica, paralelismo en los argumentos y semejanza en la técnica.

Son tres narraciones que no parten de libros y que ponen en evidencia "el paso del tiempo" a través de unos personajes inventados. La técnica, en clara relación con la de Una ciudad y un balcón, es la misma en las dos primeras narraciones: el estudio sucesivo de un individuo o de una familia en distintas fechas, por ejemplo, en Una flauta en la noche con apartados cronológicos en 1820, 1870 y 1900. En La casa cerrada, el paso del tiempo se ve desde el presente. Son los recuerdos de un personaje al volver a una casa donde había vivido sus mejores días. En resumen:

Argumento: Diferentes vidas humanas de personajes inventados.

El tema del tiempo.

Azorín encuentra expresión para este tema en casi todos los elementos del paisaje castellano, sobre todo en nubes y estrellas.

Las nubes: sentimiento de inestabilidad y eternidad de lo huidizo del tiempo y de la existencia humana. En ellas ve el eterno retorno de las cosas, de las angustias, alegrías y esperanzas, dice "las nubes son la imagen del tiempo".

Las estrellas: constituyen el lazo que une pasado, presente y futuro. Cambiarán las cosas terrenas pero las estrellas fulgirán siempre.

La tierra de Castilla: Azorín contempla la inmensidad y la austera majestad de la meseta castellana y siente "la antigüedad de la población lejana que emana historia y heroísmo, que se esparcen desde siglos por la campiña. Campiña noble, espiritual, que da sensación de eternidad".

El agua: el río Tormes, cuyas aguas discurren tranquilas e impasibles como lo hicieron hace mil años: así, todo en la gran corriente de las cosas es impasible y eterno y sufre renovación constante. Las ciudades envejecen, pero el río prosigue su curso inmutable; igual el hombre, que es sustituido periódicamente por otro hombre. El mismo sentido de renovación constante da al ir y venir de las olas del mar.

La flora: el ciprés y la rosa son los más significativos en relación con el tema del tiempo. El ciprés inmutable como un símbolo de eternidad mientras que las pasajeras rosas son hermosas y fugaces como la vida. El ciprés tiene otro significado, constituye la "encarnación secular de todo un pueblo anónimo, insignificante", de generaciones sucesivas de gente sencilla, cuyos lamentos y súplicas ha escuchado.

Igualmente tienen para Azorín poder evocador del pasado los chopos de Castilla.

Los olores constituyen un poderoso estímulo para evocar el pasado, las sensaciones y emociones experimentadas ya en otro tiempo. El olor de la leña quemada trae a su memoria ese aroma flotando en el aire de Yecla, los detalles de la ciudad de su infancia. Esto le lleva a una idealización de su ciudad, de su ambiente, de sus gentes.

Los sonidos, igualmente le sugieren el eterno retorno y la vivencia del pasado. Expresan también la idea de la continuidad. Sonidos incluso de personajes: la anciana que exclama "¡Ay Señor!" le sugiere una completa visión de "la España castiza". Pero mientras Proust siente alegría al fundirse pasado y presente, sin pensar en el futuro, Azorín, a través de sus personajes, se siente invadido de tristeza y angustia y teme al futuro.

En Castilla, el tema predominante es de origen nietzscheano: el eterno ­retorno. Azorín emplea reiteradamente la técnica de describir la misma escena en tres épocas diversas, sobre todo los sonidos: de las campanas, del molino, de la flauta, del viejo reloj.


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